martes, 12 de enero de 2021
Entrevista a Pedro Castañeda Pardo: Conociendo la Provincia de Huaral
lunes, 7 de diciembre de 2020
Crónica: Un reencuentro con amistades en tiempos de pandemia
Escribe: Pedro N. Castañeda Pardo
La tarde estaba asustada, triste, preocupada y hasta podría
decirse asombrada. Se cubría entre nubarrones y chispas del sol de otoño que
envolvía el cielo de Huaral. No era para
menos, estábamos atravesando, como hasta ahora, la pandemia del Covid-19 que nos tiene asustados a todos.
Con anticipación, mi amigo Alejandro Marín, me había invitado a una reunión mediante una llamada telefónica. -Hola Pedro, visitame el domingo por la tarde, quisiera conversar contigo algunos asuntos, me dijo.
-No hay problema.
Trataré de ir, le confirmé. Pero, en seguida pregunté, si era una reunión familiar, amical o social. Además, insistí en la hora; pues,
considero que es muy importante para toda reunión.
Enseguida, el anfitrión
me confirmó, con bastante tranquilidad, que sólo iba asistir otro amigo en común y
definitivamente sería en la tarde.
Efectivamente, llegada la hora de aquel domingo, al ingresar
a la casa pude observar en el patio una mesa blanca con tres sillas distantes, donde
dos de ellas estaban ocupadas. Pues, el otro invitado y el amigo Alejandro ya estaban
sentados. Se protegían con sus mascarillas de marca desconocida. Entonces, como lo hace la mayoría, en estos
tiempos, nos saludamos con un toque de puños poniendo de manifiesto nuestra
añeja amistad.
Me invitaron a sentarme y pude notar alrededor del patio unas plantas pequeñas de paltas y
mangos que adornaban aquel espacio flanqueado por ladrillos cobrizos.
Como es de suponer la mesa estaba de separador, no había nada
en ella. Entre bromas recordábamos que, en mi caso, no lo había visto a
Alejandro desde las elecciones del año 2010, cuando participamos en política
apoyando a Fuerza Regional. El otro invitado, a quien tampoco veo con frecuencia,
era Marcos Reyes. Fue un reencuentro de viejos amigos, que nos conocimos por
los avatares de la política. A Alejandro Marín lo conocí allá por la década del
80, cuando yo era estudiante universitario en Lima y aún saboreábamos los
humeantes festejos de la joven provincia de Huaral creada en el año 1976. En cambio, con Marcos Reyes
cultivamos amistad en la década de los 90, cuando nos propusimos trabajar por
la integración de la floreciente provincia que, desde entonces nos cobija con nuestros problemas e ilusiones. Años después, Alejandro Marín llegó a
ser alcalde de Huaral con el Movimiento Democrático Huaralino. Para entonces, existía una resistencia cultural de un
determinado grupo en la capital de la provincia que, de una manera disimulada, contradecía al hombre
andino como autoridad.
Sentados cómodamente sobre las sillas, conservando la distancia y con las masacrillas
danzando acrobacias faciales, empezamos a recordar muchos pasajes de nuestra
amistad en esta vida terrenal. Recorrimos imaginariamente toda la provincia. En
ella nos topamos con los nombres de muchos amigos que han sido víctimas de esta
pandemia. Encontramos a nuestras comunidades campesinas con los mismos
problemas de siempre: el olvido gubernamental.
Recordamos que la vértebra principal de la provincia no está
asfaltada. Es decir, la carretera desde Acos hasta Huayllay. ¿Cómo podemos desarrollarnos entonces? La
contaminación nos está ganando. El río, fuente de vida, está empezando a
contaminarse.
En este reencuentro nos dimos cuenta que los años no han pasado en vano; pues, como evidencia de su trayectoria nos han dejado jardines de canas plateadas que, expuestos al
brillo de sol se muestran como los nevados del Keropallka y el Alkay. Sin
embargo, los problemas de la provincia
siguen latentes, con el agravante de que están aumentando en el sector salud, ambiente y
educación.
En otro momento, les comentaba que siempre viajo a la sierra
de Huaral, pues vivo enamorado de su geografía, de su río tan hermoso y puro,
de aquellos cerros que han sido fuente para escribir muchos versos y más que
nada, de la bondad de su gente. Fue cuando surgió el recuerdo de una promesa
incumplida, aquella que no se pudo cumplir por las mismas responsabilidades de
la vida. Aquella que consistía en recorrer con nuestros amigos todo el valle y
llegar a Kollpa a disfrutar de sus aguas termales. Seguidamente, con los ánimos
caldeados de emoción y con una esperanza
juvenil quedó en el tintero que, ni bien termina la pandemia del Covid-19 ,
estaremos surcando el zigzagueante afluente desde la playa de Chancay hasta las
cumbres más elevadas de ésta generosa tierra.
Cuando la tarde se iba agotando, apareció la esposa de
Alejandro con unas tazas de café y galletas, cerrando, de esta manera, aquella jornada con la promesa
de volvernos a encontrar.
martes, 1 de diciembre de 2020
Una mirada al futuro pueblo de Mokón en Pirca
Escribe: Pedro N. Castañeda Pardo
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| Parte de los terrenos de cultivo en Mokón, donde se aprecia plantaciones de palta y algunas viviendas dispersas. Foto: PNCP 29-11-2020. |
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| Terrenos de cultivo en Mokón. Foto: PNCP 29-11-2020. |
Desde el lugar donde me encontraba, acurrucado y cubriéndome con una
manta de plástico pude, entre las gotas de lluvia, contemplar el maizal de
Mokón. Entonces, empapado de lluvia, en ese atardecer de mis recuerdos
escuchando el silbido de las perdices me reencontré con mi pasado y empecé a mirar
el futuro con optimismo.
En efecto, la historia se encarga de escribir nuestros pasos. La
sociedad, de manera permanente, está evolucionando y, en este devenir histórico,
no solamente está cambiando la ciencia, la tecnología, el
conocimiento; sino también, se presenta una permuta social permanente en
nuestras formas de relacionarnos en nuevos espacios en armonía con las normas
de siempre, para una adecuada convivencia.
El comercio ha ido tomando otros rumbos, la producción para el
autoconsumo, en ciertos lugares de nuestra patria, está siendo superada por la
perspectiva de incursionar en nuevos mercados. Estos cambios son imprevisibles.
Mokón desde tiempos remotos, fue muy apetecida para el cultivo del maíz.
Hoy, se perfila para el cultivo de frutales como: melocotón, paltas y manzanas.
Este espacio maravilloso siempre ha sido el orgullo y la despensa de la
Comunidad Campesina “San Pedro de Pirca”. Se ubica en una franja que
oscila entre los 2,645 y 2,900 msnm., aproximadamente, con un clima cálido y
presencia del sol casi todo el año, con espacios de unas 9 a 10 horas diarias.
Ahora bien. Desde hace unos años los comuneros de Pirca, con el ánimo de mejorar la agricultura, ayudados por el
colectivismo laboral construyeron una represa y el canal de regadío que lleva
aguas del río Chilamayo, partiendo de Conanhuaylán para luego de cruzar las
laderas de Tará, Culebra Pata y Laylá llegar a Mokón.
Al respecto, se puede evidenciar que en Mokón se está dando un ligero
cambio, con mayor auge desde el 2015 a la fecha. Muchos comuneros vienen
realizando plantaciones de paltas, melocotones y manzanas, aunque todavía se
resiste el cultivo del maíz. Pero, esto no queda ahí, con el afán de darle una
mejor perspectiva a la nueva agricultura y gozar de su clima agradable, los
pobladores están edificando sus viviendas a base de material rústico y noble. Podría
decirse, una especie de casa huerta. Esto
se ha intensificado en el presente año.
Si tomamos en cuenta este crecimiento vertiginoso, se podría decir que
se está gestando las primeras semillas para el surgimiento de un nuevo pueblo
disperso, que sería una réplica de lo ocurrido en Atavillos Bajo donde la
Florida es consecuencia de Pampas y La Perla de Chaupis, y lo más cercano, está
Riguán que pertenece a Pásak donde ya existen las primeras manifestaciones de estos
cambios sociales y culturales.
Sin embargo, la historia exige que tengamos un lugar común para enseñar a las futuras generaciones que provenimos de los viejos ayllus, organización
primigenia, símbolo de unidad.
Recorro con frecuencia la provincia de Huaral y muchas aledañas y, todo
nos indica, que en Mokón se están sentando las bases de un nuevo grupo social
al cual la historia lo bautizará, quizás, como pueblo, anexo, centro poblado,
caserío. Sin embargo, esto nos hace pensar que debemos tener espacios en común.
Es decir, para toda la población de Pirca. Todos tienen su terreno y ahí están construyendo
sus casas. Eso está muy bien, pero debemos tener un espacio común, por ejemplo
donde reunirse. Quizás, de acá unos diez años, estemos reclamando lo que hoy
podemos planear.
Por lo tanto, si proyectamos este crecimiento en Mokón, acudiendo a
nuestras viejas tradiciones de pueblo comunitario, es necesario diseñar y destinar un espacio en común, donde
los nuevos moradores puedan reunirse, por ejemplo: para tratar situaciones de
riego, cercos de parcelas, seguridad ciudadana, celebraciones religiosas, etc.
Por lo que, se hace necesario contar con espacios destinados para un local
comunal, puesto de salud, escuela, capilla y una pequeña plazuela. Por ahora,
quizás no se note esas necesidades, pero el tiempo nos irá poniendo en agenda.
Por lo que he visto, hay dos pequeños espacios que podría muy bien
asumir el rol de común a todos los pirqueños: la Colca de Santa María (al que
considero sagrado por su rol histórico) o Tira. Quizás, muchos no lo sepan,
pero los abuelos nos contaban que sus antepasados y siendo ellos, aún niños, en
la Colca de Santa María guardaban la producción del maíz de Mokón. Éste espacio
debe ser considerado intangible, pues existen pircas que debemos proteger.
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| Tira, lugar de ingreso a Mokón subiendo de Riguán. Espacio lleno de rocas y plantas de Mito donde podría adecuarse para espacios comunes. Foto: PNCP. 29-11-2020. |
Sin embargo, me permito sugerir el lugar de TIRA, debajo de la carretera, antes de la entrada a Puranqui, entre el conjunto de rocas que permanecen rodeadas de las plantaciones del milenario Mito. Justo, donde hace unos 40 años, en época de rastrojo, era la vaquería o jato de la señora Catalina Pardo García que, por cierto, era mi madre.
Seguramente, algunos no le darán importancia a la presente propuesta;
pero, el tiempo juzgará nuestras decisiones. Los cambios se están dando de
manera vertiginosa y eso no se puede frenar. Lo importante es planificar para
que, con el tiempo, las nuevas generaciones puedan ver que fuimos gente
visionaria y que supimos adecuarnos a los cambios que la historia nos
reclamaba. Por supuesto, esto no significa dejar de lado a nuestro pueblo
primigenio de Pirca, sino que Mokón pasaría a convertirse en su anexo como lo
he explicado en párrafos anteriores.
Hablar de Mokón es evocar y encontrarnos con nuestro pasado lejano y cercano. Es escuchar las tiernas melodías de un huayno para bailar tomados de la mano como hermanos, porque este lugar es, ha sido y será nuestra despensa del maíz, grano generoso que nos hizo y hace disfrutar de la rica cancha, la chicha, el mote, la mazamorra de cal, el bollo, el tamal, humita, y otros potajes preparados por el ingenio de nuestras madres pirqueñas.
Tenemos que seguir conservando nuestro espíritu colectivista y comunitario como en los viejos ayllus y que hoy, vuelven a resurgir buscando, quizás, otras alternativas en la agricultura. Pero sobre todas las cosas, teniendo espacios en común que fortalezca la unidad de todos.
En fecha próxima, haré llegar esta humilde propuesta a mi tierra, la
Comunidad Campesina “San Pedro de Pirca”, presionado, quizás, por el peso de la
historia que va regando sus líneas en cada paso que damos.
Luego de esta reflexión, cuando la noche ya se iba pronunciando y la
lluvia seguía lavando la carretera, me despedí de Mokón.
PNCP. 29/11/2020
martes, 5 de mayo de 2020
¿Las tranqueras en los pueblos serán suficientes para evitar el Covid-19?
Pedro N. Castañeda Pardo
jueves, 23 de abril de 2020
Las calles de Huaral en tiempos de pandemia
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| Plaza de Armas de Huaral en tiempos de pandemia |
Crónica de una mañana
Escribe: Pedro N. Castañeda Pardo
Eran a las 7 de la mañana y tenía que salir de casa. Habían transcurrido casi 40 días desde la última vez que lo hice. Entonces, emprendí una caminata por las principales calles de Huaral. Mi objetivo era llegar al centro de la ciudad, donde se encuentran los principales negocios autorizados por el Gobierno, debido a la cuarentena por la presencia del Covid-19. Desde luego, salí temprano para evitar colas y poder pagar los servicios básicos de la casa.
En mi recorrido cruzaba de una vereda a otra para acortar el tiempo. Las calles se mostraban solitarias, se apreciaba uno que otro auto circulando en marcha lenta. En las puertas de algunas viviendas se encontraban autos estacionados llenos de polvo, como si los hubieran desenterrado de algún desierto desconocido. También, me crucé con algunos perros que expulsaban su orina con la pierna levantada en los árboles y postes de su vecindario. Uno que otro poblador asomaba para verme pasar. Por supuesto, que acatando el mandato gubernamental, y por mi propia seguridad, iba con mascarilla y a paso acelerado. No faltó alguien que salió para ver mi retirada, quizás, confundiéndome con el último avezado que atracó en su barrio antes de la cuarentena.
A paso acelerado llegué al centro de la ciudad, después de cruzar un damero de casas construidas a base de ladrillos. El sol me acompañó, en algunos momentos, cuando pasaba sobre las veredas que lucían desoladas por la falta de transeúntes.
En el centro de la ciudad me topé con varias personas que hacían colas para los bancos, farmacias, negocios y agentes. La mayoría guardaba prudente distancia entre las personas que acudían a cada recinto, usando sus respectivas mascarillas. Otros, más osados, tenían las mascarillas como si fueran collares; es decir, lo llevaban en el cuello. Me preguntaba, quizás porque les aburría, negligencia fatal o un desafío a la muerte?. Me crucé con varios soldados elegantemente vestidos, quienes con fusil al hombro ponían orden para el distanciamiento físico entre personas; es decir, el distanciamiento social que se ha hecho famoso en el mundo para evitar contagiarnos del coronavirus.
En plena cola, guardando una distancia prudente, nos saludamos con algunos conocidos, tal vez debido al reconocimiento corporal de nuestra vieja amistad.
No pude dejar de visitar la Plaza de Armas. Se veía desolada y ningún vehículo ingresaba al corazón de Huaral, salvo los patrulleros, porque los principales puntos de acceso se encontraban cerrados con tranqueras. Pude notar el cielo azul de una mañana de otoño que conjugaba con la negrura de las pistas y el rojizo de la plaza. Las bancas lucían acongojadas y uno que otro cruzaba con temor la sala principal de la ciudad. Contemplé la esquina donde solíamos encontrarnos con muchos amigos periodistas; pero, ésta lucía impávida y solitaria, y como para probar su existencia le acompañaba unos faroles coloniales pintados de verde que se convirtieron en ocasionales testigos de nuestro paso en ésta ciudad de pagos y preocupaciones por seguir viviendo.
Luego, emprendí mi retorno cruzando por el centro de la pista, conservando la distancia sanitaria para no acercarme a otros que llegaban, a esas horas, al centro de la capital de la provincia. En verdad, no había carros como en otros tiempos. Me sentía libre, como cuando solía caminar por los cerros de mi tierra. Lo último que pude ver de la ciudad y con toda claridad fue la calle Luis Colán. En ella, sentado sobre la vereda, mientras unos hacían sus colas para alguna entidad financiera, se encontraba Manuel. Sí, aquel indigente que le ha dado renombre a Huaral, por su fortaleza moral y física para imponerse a los designios de la vida. Muchos lo apodan “loco”; pero, creo que simplemente es la estrella viviente de un pueblo que, por ratos, agoniza, pero finalmente sabe levantarse con creces.
Durante mi regreso, que tuvo el mismo recorrido, venía pensando que, en efecto, Manuel es para nuestro pueblo símbolo de fortaleza y grandeza. Él nos ha demostrado que, a pesar de la dureza de la vida, podemos salir adelante. Vencer al nuevo coronavirus depende de nosotros. Hoy nos quejamos de la cuarentena, pero mañana estaremos jubilosos, si cumplimos las reglas como debe ser. Si te crees rebelde e inmune, no lo hagas por los demás, hazlo por tu familia.
Eran a las diez de la mañana y ya estaba en casa otra vez.
lunes, 22 de julio de 2019
Huaral: contaminación del río Baños o Cochamayo
| Río Cochamayo, Atavillos Alto, Huaral. |
miércoles, 5 de junio de 2019
Veda temporal: prohíben pesca de truchas en ríos, lagunas y riachuelos de la región Lima
En los últimos tiempos, la trucha se ha convertido en un alimento fundamental para el hombre andino por lo que requiere su conservación para una adecuada reproducción.
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jueves, 13 de septiembre de 2018
El ocaso de la política
Pensando con un poco de hielo en la cabeza. La política como está ya no sirve de mucho. Estamos viendo cómo la justicia en el Perú es para quienes tienen dinero y el poder político. En vez de buscar soluciones, las entrampa. Por lo tanto, debemos trabajar pensando en una nueva constitución, donde el pueblo tenga capacidad de participar y no ser usado, cada cierto tiempo, para validar con sus votos a autoridades corruptas. O tal vez, en una mañana no lejana estemos pregonando por calles y avenidas que se refunde la república del Perú. La solución está en nosotros.
jueves, 19 de abril de 2018
Así nació la Asociación Progresista “San Pedro de Pirca”, Huaral, Lima
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| Primera hoja del acta de fundación |
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| Segunda hoja del acta de fundación |
lunes, 9 de mayo de 2016
Rinden homenaje a poeta y escritor huaralino, Pedro Castañeda Pardo
| El poeta y escritor huaralino, Pedro Castañeda Pardo, recibiendo el reconocimiento del Presidente de la Sociedad de Poetas y Narradores de la región Lima. |
El poeta y escritor huaralino, Pedro
Castañeda Pardo, dando a conocer su producción literaria en la casa de la
Cultura de Huacho.
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sábado, 23 de enero de 2016
Pisquillo, el de siempre
sábado, 2 de enero de 2016
Distrito “San Miguel de Acos” celebró 59 años de creación política
| El alcalde Leoncio Espinoza Herrera y el cuerpo de regidores de la Municipalidad Distrital "San Miguel de Acos". |








